
VAD01 LOS INICIOS. Los orígenes de la arquitectura en Can Lis. El intersticio como mecanismo. José Jaráiz Pérez

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Este artículo investiga el uso que Jorn Utzon hace de los espacios intersticiales en Can Lis, y cómo por medio de ellos permite que la vivienda esté conectada de forma más intensa no solo con el mar que proporciona el horizonte a la casa, sino también con la tierra, con los árboles y con el viento, creando en realidad, un altar doméstico. Estos espacios intermedios intensifican la experiencia sensorial del ser humano en su modo de vivir la casa haciendo que todos los sentidos intervengan en la experiencia arquitectónica.
El artículo también analiza como en la vivienda mallorquina, el maestro danés hace uso de sus experiencias con la "arquitectura aditiva" y las plasma de forma magistral creando espacios que nunca muestran el mar de forma simple, sino que configuran filtros que proporcionan al hombre diferentes umbrales de preparación a la línea del agua.
Estos espacios de transición, al mismo tiempo, lo conectan con la naturaleza cercana construyendo un recorrido complejo a través de espacios vacíos, patios y lugares porticados.
URL: https://veredes.es/vad/index.php/vad/article/view/VAD-01-Los-Inicios-Jose-Jaraiz-Perez-Los-or%C3%ADgenes-de-la-arquitec
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Bienvenida o bienvenido.
Hoy nos metemos de lleno en Cannes-Lys, la casa de Horne Utzon en Mallorca.
Una casa especial.
Y vamos a intentar entender por qué, basándonos en un artículo de José Jaraiz Pérez para la revista Vaz de Véredes, que propone algo interesante.
La clave no está tanto dentro, sino fuera, o mejor dicho, entre.
Exacto.
Es una lectura muy muy potente la de Jaraiz.
Dice que Utzon usa lo que llama espacios insterticiales.
Pero ojo, no como huecos que sobran, ¿sabes? Sino como mecanismos activos.
¿Mecanismos activos? ¿Cómo? Pues que conectan la casa de una forma muy física, muy visceral, con todo.
El mar, la roca, la luz, el viento… Llega a decir que es casi un altar doméstico, un sitio donde los sentidos se agudizan.
Vale, entiendo la idea general.
Los espacios entre las partes son la clave.
Pero ¿cómo los crea Utzon? El artículo habla de arquitectura aditiva.
Explícanos un poco eso.
Bueno, déjame empezar por lo siguiente.
La casa consta de una serie de bloques, cada uno con una función diferente.
Uno para dormir, otro para comer, otro para recibir.
Esos bloques están conectados por pasillos, terrazas y un área semisombra con espacios para la recepción y el baño.
Es como buscar la manera de darle a cada bloque su propia ventana al mar.
Exacto.
Es casi un ejuego que se inventa Utzon para crear una mejor respuesta a la arquitectura con estos bloques en respuesta a la peña.
Entiendo la idea general.
Los espacios entre las partes son la clave.
Pero ¿cómo los crea Utzon? El artículo habla de arquitectura aditiva.
Explícanos un poco eso.
Pues Utzon, en vez de hacer un solo bloque, descompone la casa.
La fragmenta en pabellones.
Ah, vale, como piezas separadas.
Eso es.
Pero no es solo por separar, digamos, el salón del dormitorio.
Es una estrategia.
Así, cada pieza tiene su propia relación con el sitio, cómo le da el sol, qué cacho de horizonte ve, cómo pisa el acantilado… Entiendo.
Multiplica las conexiones.
Justo.
Es curioso porque, a diferencia de otras arquitecturas, quizá como la japonesa, que buscan abrirse mucho, aquí los pabellones son más bien cerrados por tres lados.
Se abren al mar, pero de forma muy selectiva, muy medida.
Y entonces, ¿entre ellos? Exacto.
Entre ellos quedan esos espacios, los intersticios, patios, pasillos, umbrales… Y aquí es donde, según el artículo, la cosa se pone de verdad interesante, ¿verdad? Porque no era solo hacer una casa bonita o funcional.
No, no.
El texto sugiere que Woodson buscaba algo más, profundo, conectar con la… la physis griega.
La physis.
La esencia de la naturaleza, podríamos decir.
Algo así, sí.
La totalidad de lo existente.
Y también con el genius loci, el espíritu del lugar.
Vale.
¿Y los intersticios son el puente para eso? Pues sí.
El artículo argumenta que sí.
Funcionan de varias maneras.
Primero, por cómo te mueves por la casa.
El recorrido.
El recorrido.
No vas en línea recta.
Es una… una secuencia de sensaciones.
Casi una coreografía, como decías antes implícitamente.
Claro.
Pisas piedra, luego tierra, pasas por umbrales de sombra, a luz, atraviesas patios estrechos donde igual hueles el pino, o pasajes donde sientes la brisa del mar de golpe.
La vista también se controla mucho.
La famosa ventana de media luna.
Ese es un ejemplo perfecto.
Te enseña el horizonte, pero de refilón, cuando no te lo esperas.
O las vistas en diagonal entre los edificios.
Es habitar con todo el cuerpo, ¿sabes? El artículo cita a Moneo, que decía algo así como, disfrutarte espacios intersticiales que nos hacen ver a un tiempo el mar y los pinos.
¡Qué bueno! O sea, que no es solo mirar, es sentir.
Exacto.
Y hay más.
El texto, citando a Mircia Eliade, sugiere que estos espacios crean como una frontera.
¿Una frontera? Sí.
Entre el espacio doméstico, que se vuelve casi sagrado, conectado con la naturaleza, con el cosmos, y el mundo profano de fuera.
Los intersticios son esos, umbrales.
Interesante esa lectura.
Y también habla de una tensión, entre la cueva y la plataforma.
¿Cueva y plataforma? Sí, digamos.
Espacios más cerrados, íntimos, como los dormitorios, que serían la cueva, y otros súper abiertos, expuestos, como la terraza principal, que es casi un mirador, una plataforma sobre el mar.
Un belvedere, ¿no? Eso es.
Y los intersticios son lo que cose esos dos tipos de espacio.
Definen una forma de vivir muy…



















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