
VAD04 LOS SECUNDARIOS. Feo. Horroroso. Para demolerlo. Ekain Jiménez Valencia

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A menudo la arquitectura contemporánea o moderna es criticada a partir de la mera percepción visual y epidérmica de la obra y mediante expresiones casi nunca argumentadas. Las réplicas por parte de los arquitectos, rara vez ayudan a mejorar esa percepción. Las redes sociales refuerzan un mensaje que es pobre, provocando a menudo un debate poco nutritivo. En este artículo se perfilan varias pautas a través de comentarios sobre cómo ver el edificio y sobre cómo emitir la crítica.
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Seguro que lo hemos oído mil veces.
Ves un edificio nuevo y salta alguien.
¡Qué feo! ¡Horroroso! Para demolerlo.
Es que parece que hay una distancia enorme entre cómo ven la arquitectura los expertos y cómo la ve mucha gente.
Sí, sí, totalmente. Una desconexión.
Pues justo de eso, de esa brecha, va el material que traemos hoy.
Es un artículo de Ekin Jiménez Valencia que aborda precisamente estos desafíos de la crítica arquitectónica, sobre todo ahora, con las redes sociales y la opinión tan instantánea.
Así que nada, la idea es desentrañar un poco por qué pasa esto y qué propone el autor para que hablemos de arquitectura de forma más constructiva, más fundada.
Me parece un tema interesantísimo.
El punto de partida del autor es potente.
Dice que la crítica está más común, la más superficial, se fija casi solo en la forma.
En lo visual, claro.
Exacto, en lo puramente visual.
Y es lógico, es lo primero que te entra, lo que él llama que surge a golpe de vista.
Pero claro, para entender un edificio de verdad hay que ir más allá, ver su función, cómo está construido, cómo se relaciona con el sitio.
El contexto es fundamental.
Sin eso, la opinión se queda muy corta.
Y ahí llegamos a una paradoja que Jiménez Valencia describe muy bien, me parece.
Por un lado, la persona que opina así desde fuera, a menudo no tiene tiempo o quizá ni el interés para profundizar más.
Pero, y esto es lo curioso, a veces se llega a quitar valor a la opinión del experto.
Como si el saber, el conocimiento especializado, no contara.
Es un poco esa idea de democratización de la opinión llevada a un extremo que igual anula el propio conocimiento.
Y los que a lo mejor son valiosos, con soluciones interesantes, bien resueltos, pues pueden acabar denostados.
Simplemente porque su estética, a primera vista, pues no encaja o no gusta.
Ya...
Y al revés, obras quizá más mediocres, pero muy llamativas, muy fotogénicas, reciben alabanzas sin mucho fundamento detrás.
Claro.
El resultado, pues que perdemos todos la oportunidad de entender y valorar la buena arquitectura, la que de verdad aporta algo.
Y esto puede llevar, como sugiere el texto, a que edificios valiosos terminen olvidados, o mal intervenidos, o directamente maltratados.
Se empobrece el debate, sí.
Y nuestro entorno, potencialmente.
Pero bueno, frente a este panorama, el autor no solo se lamenta, que eso es interesante.
Propone caminos, ¿no? Vías para mejorar esto.
Eso es.
Insiste, por ejemplo, en que necesitamos valoraciones con argumentos.
Que vayamos más allá del simple me gusta o no me gusta.
A ver, ¿por qué? ¿Qué hay detrás? Exacto.
Y ligado a eso, defiende algo que me parece importante.
Reconocer un cierto valor consolidado en algunas obras.
Un valor que viene del consenso experto, del tiempo.
Lo llama el principio de autoridad.
¿Y eso qué significa exactamente? Que no puedes opinar.
No, no es eso.
No es que no puedas tener tu opinión personal.
Es entender que hay un conocimiento, una valoración acumulada que avala ciertas obras.
La analogía que usa es genial, la verdad.
A ver.
Dice, el escorial podrá parecerle feo a una persona, pero no hay derecho a decir que es feo.
Ah, vale, vale.
Distingue el gusto personal del valor cultural o arquitectónico que ya está, digamos, contrastado.
Justo eso.
Es diferenciar planos, entendido.
O sea, argumentar y reconocer ese valor consolidado.
Y, además, creo que también habla de enfocar la crítica de otra manera, más didáctica, quizá.
Precisamente.
Que la crítica sirva para explicar, para ayudar a entender, para atender puentes, no solo para soltar un juicio rápido.
Y aquí es donde yo creo que se pone realmente interesante.
Jiménez Valencia Sierra apoyándose en Josep María Montaner para recordarnos cuál es el objetivo final de la crítica especializada.
¿Y cuál es? Pues, cito la idea clave que recoge.
La opinión personal de un especialista tiene como objetivo entrar a formar parte de la voluntad colectiva.
¡Ostras! O sea, que no es solo un ejercicio de yo sé mucho y opino esto.
Eso es.
No es un mero lucimiento personal o algo para entendidos.
La meta es, es más ambiciosa.
Educar, quizá.
Sí, busca educar, compartir herramientas para leer la arquitectura, fomentar un criterio más informado en la sociedad en general.
Quiere ayudar a formar esa voluntad colectiva.
Ya.
Para que entre todos apreciemos y cuidemos mejor la arquitectura y, por tanto, nuestras ciudades, nuestro paisaje.
Es una herramienta, digamos, para el bien común.
Pues, resumiendo un poco, hemos visto esa teoría.



















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