
VAD04 LOS SECUNDARIOS. Prólogo. Los secundarios. Eduardo Delgado Orusco

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Hace ya 20 años que el profesor Carlos Sambricio propuso la idea de la recuperación en el panorama español de lo que nosotros queremos llamar “los secundarios”, aquellos arquitectos que por diferentes motivos no disfrutaron de excesiva fortuna crítica durante su ejercicio profesional pero cuya obra, revisitada a la luz de los años transcurridos, plantea temas de interés a los ojos contemporáneos.
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Hoy vamos a darle una vuelta a una idea que me parece fascinante, la de esos arquitectos que, bueno, sin ser quizá los más famosos, fueron absolutamente claves.
Nos vamos a centrar en el prólogo del número 4 de BAT, Veredes, la revista, que se titula muy apropiadamente Los secundarios.
Es el texto que arranca, ¿no? Eso es.
Funciona, digamos, como una declaración de principios.
Este prólogo nos pone sobre aviso, ¿sabes? Nos dice, ojo, vamos a rescatar a gente olvidada, arquitectos que igual no salían en las fotos, pero que eran fundamentales.
Y fíjate, la idea no es ni siquiera nueva del todo.
El texto recuerda que Carlos Sambricio, el profesor, ya lo planteó hace, pues, casi 20 años.
Mira, o sea, que ya venía de antes.
Sí, la intención es esa, reivindicar a profesionales que, si miras su obra hoy, dices, ostras, tienen un interés enorme, que quizá en su día, pues, pasó más desapercibido.
Claro, es que eso de mirar atrás con otros ojos siempre descubre cosas.
El texto parece decir que para entender bien la arquitectura de una época, hay que conocer a estos secundarios, ¿no? Dice algo así como que ayudan a entenderlo todo de un modo más continuo y uniforme, más anónimo, pero no menos interesante.
Me gusta esa frase.
Sí, sí, totalmente.
Y, ojo, no los pone como simples ayudantes, ¿eh? Se los llama secundarios de lujo.
La idea es fuerte.
Es que sin ellos, sin su trabajo, muchas de las obras que admiramos de la modernidad, pues sencillamente no serían lo que son.
O no existirían directamente.
Exacto.
O serían muy distintas.
El prólogo defiende que ahora, desde nuestro presente, podemos redescubrirlos, que quizá en su momento quedaron un poco a la sombra de los grandes nombres, ¿sabes?, o de las modas críticas.
Me ha llamado la atención también cómo conecta esto con la profesión hoy.
Un contraste, ¿eh? Bastante directo, ¿verdad? Efectivamente.
Pone sobre la mesa un tipo de arquitecto que casi hemos perdido de vista.
El hombre de oficio, así lo llama.
Describe a gente centrada en resolver, en servir al cliente con discreción, que a menudo pues no buscaban la fama ni salir en los medios.
El trabajo por el trabajo.
Justo.
Y lo compara con nuestra época, donde dice el texto, a veces, el oficio parece la construcción de la propia imagen, pues, a través de las redes sociales y todo eso.
Es una reflexión potente, ¿eh? Sobre qué es ser arquitecto hoy.
Entonces, no es solo mirar al pasado con nostalgia.
Propone a estos secundarios casi como un modelo, ¿no? Una inspiración.
Quizá por esa dedicación al oficio por encima de, bueno, de la propia marca personal.
Exactamente.
Los presenta como modelos profesionales.
Su actitud, esa mezcla de ser riguroso y discreto, pues podría ser muy útil hoy en día.
Se nota un tono de reivindicación, sí, de descubrimiento.
Habla de pasar a limpio investigaciones que se han hecho.
De añadir una nueva capa en el palimpsesto de la historia.
Uf, qué buena imagen, la del palimpsesto.
Sí, como ese pergamino donde se escribe encima, ¿no? Pues este número quiere rascar un poco y ver qué había debajo de la historia oficial.
Entendido.
Entonces, el valor de este prólogo, su función principal, es justificar todo el número.
Es decir, es importante mirar aquí, más allá de los sospechosos habituales, ¿no? Superar eso que llama los sucesivos tamices de la crítica.
Justo eso.
Esos tamices, claro, son como los filtros que va poniendo la historia, la crítica, que dejan pasar a unos y a otros, ¿no? Y a veces por motivos que hoy podemos cuestionar.
El prólogo es una invitación, muy clara además, a reevaluar, a buscar activamente a esta gente, estas obras que se quedaron fuera del canon, pero que, oye, tienen mucho que decir.
¿No es solo completar huecos? No, no.
Es entender la historia con más.
Con más riqueza, con más matices.
Funciona como una llamada, entonces.
Una invitación a explorar.
De hecho, lo dice casi al final, ¿no? Se abre la veda para este redescubrimiento.
Te deja pensando, la verdad.
¿En cuántas historias así habrá por ahí, esperando? Totalmente.
Y no solo en arquitectura, ¿eh? En muchos campos.
Es una reflexión sobre cómo contamos las historias, cómo construimos la memoria y lo importante que es, a veces, mirar a los márgenes.
Pues nada, para quienes quieran seguir tirando de ese hilo y descubrir a estos secundarios.
Sí, el número entero de BAD, Veredes, Arquitectura y Divulgación, es el lugar.
Está disponible en veredes.edbad.abad.
Ahí está todo el material.
Perfecto.
Ahí queda la recomendación para explorar esas historias menos contadas.



















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