
VAD05 LAS OPORTUNIDADES. Abelardo Lafuente, un arquitecto español en el lejano Oriente. Álvaro Leonardo Pérez

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Esta es la historia de la desconocida presencia en China de un arquitecto madrileño en las décadas de mayor esplendor de la ciudad de Shanghái. Comenzó su trayectoria en la Filipinas española, triunfó en la China pre-comunista y su fama lo llevó a Hollywood y México. En sus tres décadas de prolífica carrera, Abelardo Lafuente realizó proyectos de todo tipo para clientes diversos en cinco países de dos continentes.
Por tanto, estamos ante una figura tan singular y única que el estudio de su obra heterodoxa y ecléctica en un entorno tan aislado y diferente del europeo hacen que este arquitecto, sólo mencionado póstumamente por Blasco Ibáñez y Fernando Chueca-Goitia, sea ahora de obligado conocimiento para todo aquel que quiera entender la arquitectura que exportaba España a principios de siglo XX así como los orígenes de una metrópolis como Shanghái y el porqué de la existencia de un reducido grupo de audaces empresarios españoles que prosperaron en tan adversas condiciones.
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Imaginen pasear por el Shanghai de los años 20. Una metrópoli vibrante, cosmopolita, y de repente encontrarse con un edificio que parece, no sé, Sacao de Granada.
Pues sí, esa es la huella sorprendente de un arquitecto madrileño casi olvidado, Abelardo Lafuente.
Y hoy vamos a explorar su historia, ¿verdad? A ver qué descubrimos.
Exacto. Nos basamos en una investigación muy interesante de Álvaro Leonardo Pérez que se publicó en la revista VAD, Veredes, Arquitectura y Divulgación. Y el objetivo del estudio es precisamente ese, rescatar del olvido a Lafuente y entender por qué su obra allí, en China, merece atención hoy.
Vale, ¿y quién era exactamente este Lafuente? Porque suena a figura desconocida.
Pues mira, la investigación lo perfila como Abelardo Lafuente García Rojo, nacido en Madrid en 1871 y fallecido en 1931.
Madrileño.
Madrileño. Y con una formación digamos que poco convencional. Mezcló estudios formales con experiencia práctica. Su aventura asiática empieza en Filipinas hacia 1898.
En Filipinas todavía españolas en esa época, claro.
Eso es. Y después de un tiempo en Europa, acaba en Shangái en 1913. Y aquí el contexto es clave, ¿eh? A ver.
Shangái era un hervidero internacional, probablemente la ciudad con más competencia profesional de toda Asia. Y Lafuente llega allí, bueno, sin el respando de una gran colonia española influyente.
No como los británicos o franceses, supongo.
Exacto. Ellos tenían sus redes. Lafuente tuvo que, pues, abrirse camino casi solo.
Tuvo que buscarse la vida, vamos.
Entiendo. ¿Y cómo lo hizo? ¿Cómo consiguió destacar en un sitio así? Pues fundamentalmente, adaptándose. El estudio subraya mucho su eclecticismo.
O sea, su capacidad para trabajar en distintos estilos.
Justo. Trabajó para clientes súper variados. Desde, fíjate, la Orden de los Dominicos Españoles.
Ah, mira.
Hasta la potentísima cadena hotelera de Hong Kong and Shanghai Hotels Ltd., la HSH.
Hombre, los del Hotel Majestic.
Para ellos reformó el Majestic, sí, y diseñó su espectacular salón de baile. También hizo clubes sociales importantes, como el americano o el judío, y trabajó para empresarios españoles clave que estaban allí.
Qué flexibilidad. ¿Pero eso significa que no tenía un estilo propio, digamos, una marca personal? Tenía mucha versatilidad, sí. Pero ojo, sí que hizo un movimiento muy distintivo. Y esto es lo llamativo.
¿Cuál? Introducir el estilo neoárabe-español en China.
Espera, ¿cómo? ¿Neoárabe-español? Tal cual. Imagínate el contraste. Una ciudad llena de edificios coloniales art deco y de repente ¡pum! Una evocación de la Alhambra.
Uf, qué atrevido, ¿no? Una apuesta muy clara por una identidad cultural diferente. Y una forma de destacar, claro.
Me parece fascinante. ¿Y dónde podemos ver ese estilo? ¿Hay ejemplos claros? El ejemplo cumbre que analiza la investigación es la mansión de verano que hizo para Antonio Ramos en 1924.
¿Antonio Ramos? Sí. Un empresario granadino. Le llamaban el rey del cine en Shanghai. Fue un gran apoyo para la fuente. Y la casa, bueno, la descripción te transporta la Alhambra.
¿Ah, sí? ¿Qué tenía? Pues esquina curvada, una cúpula arabesca, arcos de herradura por supuesto, un patio interior andaluz, una declaración de intenciones en toda regla.
¡Qué maravilla! Una Alhambra en miniatura en Shanghai. Algo así, sí.
Pero no fue un caso aislado, ¿eh? Usó ese estilo en otros proyectos para clientes españoles buscando esa conexión con, bueno, con España.
Claro, les daría un trocito de hogar, supongo.
Exacto. Ahora bien, para clientes internacionales o en los proyectos hoteleros, como los de la HSH, ahí cambiaba el chip.
¿Y qué hacía entonces? Pues optaba por estilos historicistas, más aceptados internacionalmente. O interiores academicistas, más clásicos, más formales. Demostraba una capacidad enorme para leer qué pedía cada cliente y cada proyecto. Muy versátil.
Y su carrera, su forma de trabajar, tampoco fue lineal, ¿no? He leído que no siempre trabajó solo.
No, no. Tuvo varias etapas. Empezó solo, como decíamos. Luego se asoció brevemente con un arquitecto americano, G. O. Wooten. Después vino su etapa más prolífica, otra vez en solitario, entre 1919 y 1924. Y al final colaboró con un arquitecto ruso, Alexander Yaron.
O sea que también se adaptaba en lo profesional, no solo en lo estilístico.
Totalmente. E incluso intentó la aventura americana. Abrió una oficina en Los Ángeles, pero le pilló el crack del 29 y el plan se frustró.
Vaya.
Y eso le llevó a construir una una de las más grandes empresas del mundo.



















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