
VAD05 LAS OPORTUNIDADES. Cuando acabe la pandemia. Enrique Parra Albarracín

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Hace ya más de un año desde que la pandemia nos cortó las alas, haciendo que viajar se convierta en poco menos que un sueño vívido perteneciente a otra época. En estos meses, las plataformas de streaming nos han acompañado más que nunca, y junto a Youtube y el resto de las redes sociales, se ha convertido en nuestra única forma de redescubrir el mundo.
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Bienvenidos a esta exploración.
Hoy nos metemos de lleno en un cruce muy interesante, el del cine y la arquitectura.
Un tema apasionante, sí, señor.
Tenemos un artículo que nos ha llamado mucho la atención.
Se titula Cuando acabe la pandemia.
Lo escribe Enrique Parra Albarracín.
Que es doctorando en la Universidad de Alcalá y profesor en la Rey Juan Carlos, si no me equivoco.
Exacto, y el artículo parte de algo que todos vivimos hace poco, la pandemia, los confinamientos.
Claro.
Y cómo nuestras pantallas se convirtieron casi en la única forma de viajar, de ver mundo.
Eso es.
El texto lo que propone es que el cine y las series fueron una especie de sustituto de esos viajes arquitectónicos.
De esas peregrinaciones arquitectónicas, como las llama el autor.
Justo.
Y no solo un sustituto, sino que, además, moldearon y siguen moldeando nuestra percepción de las ciudades, de los edificios, incluso de sitios donde no hemos estado nunca.
Pues esa es un poco la idea que queremos desgranar hoy.
Ver cómo la arquitectura, según Parra, no es solo el escenario, sino casi un personaje más.
Sí, el gran telón de fondo del cine, dice él.
Una idea potente, la verdad.
Vamos a ver cómo la desarrolla.
Me gusta mucho cómo empieza, con el ejemplo de las Torres Gemelas.
Es que es inmediato, ¿verdad? Totalmente.
Ves una imagen, un segundo, y ya sabes.
Estás en Manhattan y, además, sabes cuándo.
Entre el 73 y el 2001.
Exacto.
Funciona como un ancla, un ancla visual que te fija en el tiempo y en el espacio, sin necesidad de decir nada más.
Es potentísimo como recurso narrativo.
Y el artículo recalca que esto no pasa solo con los grandes íconos como las Torres Gemelas.
Pasa con la arquitectura en general.
Está siempre ahí, en pantalla.
Claro, desde el apartamento de Friends, que todos reconocemos, hasta ciudades enteras, como las de los Juegos del Hambre, por ejemplo.
Y esa presencia constante, esa repetición, nos lleva a otro punto clave del artículo.
Eso que llama él efecto de preconocimiento.
Ahí quería llegar.
Esa sensación de conocer ciudades en las que nunca has puesto un pie.
París, Roma, Nueva York.
Tokio.
Las hemos recorrido mil veces desde el sofá, ¿no? Totalmente.
Pero lo interesante es que no es un conocimiento, digamos, objetivo.
Claro, para nada.
Está filtrado por la mirada del director.
Y el autor pone ejemplos muy buenos de esto.
Sí, menciona Madrid.
Compara la visión de Álex de la Iglesia en el Día de la Bestia.
Uf, potentísima esa imagen del protagonista colgado del edificio Schweppes, o las Torres Kío ahí presentes.
Muy oscura, casi gótica.
Y la compara con el Madrid de Almodóvar, por ejemplo, en Tacones Lejanos.
Que es otro Madrid completamente distinto.
Más colorido, más estilizado, más melodramático, si quieres.
Y es la misma ciudad, física.
Pero representada de formas casi opuestas.
Lo mismo pasa con Nueva York, ¿no? Lo comenta también.
Sí, contrasta el Nueva York de Scorsese, más crudo, más de calle.
A veces violento, sí.
Con el de Woody Allen, que es como más intelectual, neurótico, romántico, quizás.
Exacto.
Y el autor aquí se apoya en trabajos de otros investigadores, como Gloria Camarero-Golómez o Jorge Gorostiza López, que han estudiado a fondo esa relación entre el cine y la imagen de la ciudad.
Fíjate, también habla de cómo el cine nos contextualiza hasta culturas muy diferentes.
Compara el Japón feudal de los siete samuráis.
Un clásico de Kurosawa, sí.
Con el Tokio supermoderno y vibrante de una película de anime como Your Name.
La arquitectura te sitúa completamente en mundos distintos.
Desde luego.
Y toda esta exposición, repetida a ciertos lugares, a ciertos edificios, a través del cine, genera esa sensación tan curiosa que comentabas antes.
La extraña familiaridad.
Eso es.
Lo describe muy bien el artículo.
Llegas por primera vez a un sitio, pero es como si ya lo conocieras.
Un déjà vu arquitectónico, podríamos decir.
Es verdad.
Pon el ejemplo de caminar por la quinta avenida en Nueva York y sentirte un poco Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes.
O plantarte delante de la fachada de Alcasne, el tesoro de Petra, y casi esperar que aparezca Indiana Jones por ahí.
Tal cual.
La cita que usa es justo esa.
Un sentimiento de extraña familiaridad.
Es un concepto que me parece muy acertado.
Describe perfectamente esa sensación.
Es como si tuviéramos capas de recuerdos.
Los recuerdos reales y los recuerdos cinematográficos, que se mezclan.
Y esto nos lleva de vuelta a la idea del principio, la del viaje doméstico durante la pandemia.
Claro. El autor lo ve así.
Ver cine, ver series, no era solo pasar el rato.
Era una forma de viajar, de explorar.
Lo llama una transposición a otro medio de los clásicos libros de viaje.
Me gusta esa idea.
Sí, porque sugiere que no es algo pasivo.
Es una forma de experimentar lugares, aunque sea a través de una pantalla.
Y aquí es donde el artista...



















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