
VAD07 LA PERIFERIA. Todos los museos son novelas de ciencia ficción. Fernando Jiménez Parras

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El Centro José Guerrero de Granada, con sede en un edificio rehabilitado por Antonio Jiménez Torrecillas en el año 2000, transformó en 2019 sus espacios en las páginas de un cómic, obra de los dibujantes Max y Sergio García, con la compañía de la escritora Ana Merino. La exposición “Todos los museos son novelas de ciencia ficción” supuso a finales de 2021 un nuevo paso en su vocación por tensar los conceptos expositivos.
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Hoy nos metemos de lleno en una idea, la verdad es que bastante provocadora. Y si un museo no fuera solo un sitio para ver cosas, sino que se transformara. Bueno, literalmente, en las páginas de una novela de ciencia ficción.
La verdad es que sí, suena fascinante. Y es justo el centro del material que vamos a comentar hoy, en la reseña de Fernando Jiménez Parras para la revista Abad.
Eso es. Sobre el libro Todos los museos son novelas de ciencia ficción, de Jorge Carrión.
El mismo, de Galaxia Gutenberg, del 2022. Unas 200 páginas, más o menos.
Pero lo interesante, como dices, es que la reseña no solo habla del libro.
Exacto. Lo conecta con su origen, que es clave. Una exposición muy, muy particular que Carrión mismo comisarió en Granada, en el Centro José Guerrero.
Ah, claro.
Fue a finales de 2021. Y es que ese centro, bueno, ya tenía fama de experimentar. Ya habían convertido sus salas en un cómic un par de años antes, en 2019.
Entendido. O sea, que tenemos un libro que sale de una expo, o una expo que es un libro, cómo lo enfoca Jiménez Parras en la reseña. ¿Qué es lo que más le llama la atención del trabajo de Carrión? Pues mira, el reseñista, Jiménez Parras, apunta que Carrión explora aquí la autoficción.
Ya sabes, eso de mezclar la propia vida con la ficción.
Sí, sí.
Lo ve casi como un, bueno, un spin-off, por así decirlo, de otro libro suyo anterior, Membrano.
Recuérdanos un poco de qué iba, para ver la conexión.
Claro. En Membrano, Carrión se imaginaba cómo sería el catálogo de un posible museo del siglo XXI. Una reflexión sobre cómo contar nuestro presente, tan tecnológico, ¿no? Pues lo curioso es que para la expo de Granada, en vez de construir ese museo que imaginó… ¿Qué hizo? Pues le dio una vuelta. Optó por convertir el propio espacio físico del centro, el edificio, en la novela misma, la novela que da título a todo. Todos los museos son novelas de ciencia-ficción.
Vale, ahí es donde la cosa se pone, ¿eh? Muy interesante. Convertir un edificio en novela. Suena a metáfora, pero la reseña dice que fue literal, ¿no? Totalmente literal, sí. Jiménez Parras lo describa muy bien. En las páginas de la novela estaban en las paredes.
Tal cual.
Sí, sí. Y no solo colgadas. Jugaron con las letras, diferentes tamaños, tipos de papel… Para que hubiera como distintas formas de leer.
O sea, una lectura rápida, otra más profunda.
Exacto. Podías elegir. Incluso había una audiolectura, para añadir otra capa.
O sea que pasear por el museo era, de hecho, leer.
Justo eso. Y para guiarte, la reseña destacó un detalle visual muy potente. Un hilo rojo.
¿Un hilo? Sí, un hilo rojo que iba por las salas marcando un camino de lectura, pero además interactuando con la propia arquitectura del edificio, que es una rehabilitación de Antonio Jiménez Torrecillas, por cierto.
¡Qué bueno! El hilo se metía por los rincones, subía paredes… Eso es. Hacía que el edificio fuera parte de la narración. Una mezcla muy física de texto, espacio y quien visitaba.
Me parece fascinante eso del hilo. ¿Y qué contaba esa novela-museo? ¿De qué iba la historia, según la reseña? Pues el núcleo, según describe Jiménez Parras, es un intercambio de e-mails.
E-mails.
Sí. Entre un personaje llamado Jorge, que bueno, podemos suponer que es un reflejo de Carrión, y una tal Mare, una figura más misteriosa. Esa correspondencia es como la columna vertebral.
Solo e-mails. Suena un poco abstracto, ¿no? ¿Para un museo entero? Bueno, es que eso es solo el principio. Jiménez Parras explica que Carrión teje alrededor una red muy densa.
¿De qué? De referencias culturales, científicas, históricas… algunas reales, otras inventadas. Muy de ciencia ficción especulativa. Y además, claro, había obras de arte, algunas creadas para la ocasión, que dialogaban con todo eso.
Entiendo. Una estructura como con capas, como decías de la lectura. La reseña comenta los temas principales.
Sí. Jiménez Parras señala dos ideas clave. La colaboración y la dualidad.
A ver… La colaboración es evidente, ¿no? El proyecto nace de la interacción entre Carrión, el museo, los artistas y el visitante. Y la dualidad está por todas partes. Real ficticio, pasado futuro, físico digital… Hablando de colaboraciones, ¿menciona alguna la reseña en concreto? Sí, sí. Dedica bastante atención a una pieza llamada SINCRONÍAS.
¿Qué era? Un cómic experimental. Del artista Roberto Masó. Y no era solo un dibujo en la pared, ¿eh? Ah, no… No. Interpretaba visualmente la comunicación entre Jorge y Maré. Ocupa 40 páginas en el libro catálogo.
¿Y en la expo? Pues ahí estaba lo interesante. Y la reseña lo destaca. El cómic tenía volumen.
¿Cómo? Con pliegues, dobleces… Se convertía casi en una escultura de papel que interactuaba con el espacio. Rompía las dos dimensiones del cómic. Otra vez, cruzando fronteras de la vida.


















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