

Description of El Viento, de Ray Bradbury
El viento «The Wind» 1943 by Weird Tales.
Desde su primera publicación importante hasta sus últimos cuentos inéditos recopilados póstumamente, Bradbury construyó una obra que desafía los géneros, que atraviesa décadas sin envejecer, que conmueve tanto como perturba. Fue un autor popular , sus libros vendieron millones de ejemplares, pero también fue un escritor rotundamente personal, casi visionario. Supo anticipar muchas de las ansiedades contemporáneas: la sobreexposición tecnológica, la soledad urbana, la banalización del horror. Pero lo hizo sin renunciar jamás a la emoción, a la imaginación, a la esperanza incluso en medio de la ruina. Su literatura no es la de los futuros posibles, sino la de las memorias imposibles.
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Vendrán Lluvias suaves.
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Voz y sonido Olga Paraíso
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Evox Originals presenta Historias para ser leídas. Un podcast de ciencia ficción, terror y fantasía dirigido por Olga Paraíso. Ficciones sonoras con las que podrás sumergirte en otra realidad. El viento. Ray Bradbury. El teléfono sonó a las cinco y media de la tarde. Era diciembre y hacía mucho que había oscurecido cuando Thompson lo cogió. Diga. Hola, Herb. Ah, eres tú, Alin. ¿Está tu mujer en casa, Herb? Claro, ¿por qué? Ay, mierda. Herb Thompson sostuvo el auricular en silencio. ¿Ocurre algo? ¿Te notó raro? Es que me gustaría que vinieras esta noche. Tenemos visita. No puedo... Me gustaría que te quedaras a dormir. ¿Cuándo se va tu mujer? Pues la semana que viene. Pasará en Ohio nueve días, más o menos. Su madre está enferma. Iré entonces. Necesito que vengas hoy, esta noche. Ojalá pudiera, pero tenemos visita. Mi mujer me mataría.
Es que necesito que vengas hoy. ¿Qué pasa? ¿Otra vez el viento? No, no, que va, no. ¿Es por el viento? Vale, sí, es por el viento. Hace buena noche, apenas hace viento. Hace lo justo, se cuela por la ventana y mueve un poco las cortinas. Lo justo para que lo note. Oye, ¿por qué no vienes y te quedas a dormir aquí? Dijo Thompson, mirando a un lado y a otro del pasillo iluminado. No, no. Es muy tarde. Podría atraparme de camino. Está muy lejos, joder. No me veo capaz, pero... Gracias, aún así. Son 50 kilómetros. Pero gracias. Tómate un somnífero. Llevo una hora plantado en la puerta, Herb. Veo cómo se está levantando en el oeste. Hay algunas nubes y he visto cómo una de ellas se hacía jirones. Viene viento. Está clarísimo. Bueno, tú tómate una pastillita para dormir y me llamas a la hora que sea. Más tarde, si quieres. Vale, lo haré. Pero ojalá pudieras venir. Aunque, bueno, no me gustaría fastidiarte. Eres mi mejor amigo y...
Bueno, igual es mejor que me enfrente a esto yo solo. Lo siento, siento si te he molestado. Ah, no te preocupes, ¿para qué están los amigos? Mira, haz una cosa, siéntate y pasa la noche escribiendo, dijo Herr Thompson cambiando el peso de un pie a otro en el pasillo. ¿Así te olvidas del Himalaya, del Valle de los Vientos y de esa preocupación tuya por las tormentas y los huracanes? Termina otro capítulo de tu propio libro de viajes. Bueno, igual sí, igual lo hago. Bueno, no lo sé. Igual sí. Bueno, muchas gracias por escucharme. ¿Qué gracias ni gracias? Deja el teléfono, anda. Mi mujer me está llamando para que vaya a cenar. Her Thompson dejó el teléfono, fue al comedor y se sentó a la mesa. Su mujer se acomodó frente a él. ¿Era Alin? preguntó. Él asintió con un gesto y ella siguió hablando mientras le pasaba un plato lleno de comida. Ay, siempre anda con eso de los vientos, que si soplan para arriba, que si soplan para abajo, que si fríos, que si calientes.
Bueno, mujer, le pasó algo en el Himalaya durante la guerra, dijo Herr Thompson. No te creerás lo que cuenta Belvalle, ¿verdad? Bueno, es un buen relato. ¿Escalar esto, escalar aquello, subir montañas cada vez más altas? ¿Por qué os da por hacer esas cosas, para luego pasar miedo? Nevaba. ¿Ah, sí? Y llovía, granizaba y soplaba mucho viento todo a la vez. Aline me lo ha contado millones de veces. Lo describe muy bien. Estaba a bastante altura, nubes y todo eso. El valle producía un sonido... ¡Ay, por supuesto que sí! Dijo ella, bastante harta. Como de muchos vientos juntos, vientos de todo el mundo. Ger tomó un bocado. Así lo cuenta él, al menos. Bueno, para empezar, no tendría que haber ido allí. Uno mete las narices donde no le llaman y luego se le ocurren cosas raras. Además, ya sabes, los vientos se enfurecen con el intruso y lo persiguen.




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